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El Rendimiento Escolar

Ps.Cecilia Taborga

¿CONFLICTO PERMANENTE ENTRE PADRES E HIJOS?
Artìculo Cuarto


"No hagáis que los chicos aprendan por la fuerza y la severidad, sino conducidles por medio de lo que les divierte, para que puedan descubrir mejor la inclinación de sus mentes".

Platón, La República, VII
El trabajo escolar, que suele ser motivo de desavenencias entre padres e hijos, es otro ejemplo de cómo sus diferencias de perspectiva fácilmente pueden convertirse en un obstáculo entre ellos.

El mismo concepto o experiencia puede tener significados radicalmente distintos para las dos partes.

A muchos padres preocupados por los progresos escolares de su hijo les motivan los temores relativos al porvenir de éste; sin embargo, para el hijo el porvenir es mañana o, dentro de unos días.

El momento en que deberá dejar la escuela, por no hablar de la edad adulta, está muy lejos, es algo incomprensible e inimaginable.

Dado que tiene lugar en el presente, el descontento de los padres es de mayor importancia debido a cómo el niño lo experimenta ahora; pero la fuente de ese descontento ?la preocupación por "el futuro"- no tiene sentido a ojos del pequeño.


El interés de los padres por su aprendizaje debería ir dirigido a lo que sucede cotidianamente, porque así es como lo vive el niño y así es como entiende su vida.

El ingrediente esencial del éxito en la escuela es una relación positiva con los padres y con la participación de éstos en cuestiones intelectuales.

El niño desea tener acceso a lo que sea importante para los padres que son objeto de su amor, quiere saber más cosas sobre lo que tanto significa para ellos.

También quiere complacerles, ganarse su aprobación ahora mismo (así como la aprobación del maestro y de otras personas importantes para él).


El niño que hace un buen papel en la escuela recibe muchas recompensas; sus padres están contentos con él, sus maestros lo alaban, saca buenas notas.

Si un niño fracasa pese a estar capacitado para hacer progresos en la escuela, tiene que haber razones muy poderosas para ese fracaso, razones que, a ojos del niño, son claramente más poderosas que las recompensas que se otorgan al éxito académico.

Para entenderlas, los padres deben averiguar desde qué perspectivas ante el aprendizaje escolar parece el fracaso más deseable que el éxito.

Lo que impide a los padres comprender por qué su hijo escoge el fracaso en lugar del éxito es la convicción a priori de que tal perspectiva no es posible.

Si los padres procuraran ver las cosas desde una perspectiva que les permitiera comprender la opción del hijo, entenderían el razonamiento de éste y lo encontrarían lógico; la discordia entre ellos se resolvería y sabrían cómo cambiar la opción del hijo por una que estuviera más de acuerdo con la suya.


Los sentimientos que llegan al consciente de una persona pueden equipararse a la punta visible de un iceberg, mientras que el grueso de la masa, al igual que los sentimientos y motivos inconscientes, permanece sumergido e invisible.

Los procesos por medio de los cuales actúa el inconsciente son desconocidos, caóticos y confusos; los motivos están mezclados y a menudo son contradictorios; y puede que sólo algunos de estos elementos lleguen transitoriamente a la conciencia, bajo la forma de pensamientos fugaces que inmediatamente son relegados de nuevo al inconsciente.


Siempre que emociones profundas o sentimientos complejos empujan a actuar a alguien, es probable que en ello intervengan también motivos inconscientes, es decir, motivos de los que no se da cuenta.

La conducta de toda persona es "sobredeterminada", lo cual quiere decir que, si bien es consciente de algunos de sus motivos, otros que también influyen en su comportamiento permanecen inconscientes, y con frecuencia éstos son los que principalmente la empujan.

Los actos y pensamientos y sentimientos son fruto de la confluencia de muchas hebras diferentes, los residuos variados de experiencias y sentimientos muy anteriores.


Se ajuste o no a la realidad, todos los niños sienten a veces que sus padres se interesan por otras cosas mucho más que por ellos.

Todo depende de si la conducta de los padres contrarresta de forma suficiente esos temibles pensamientos del hijo, haciéndole creer que se encuentra realmente en el centro del interés y el afecto de los padres.

Es muy importante el predominio de la aprobación por los padres de lo que el niño es y hace.

Sólo cuando se siente básicamente seguro de la aprobación de los padres puede el niño soportar sin sufrimiento daño alguno las críticas a su comportamiento, críticas que son inevitables al educarle.

El peligro está en destruir la confianza del niño en sí mismo, y también la confianza en la buena voluntad de sus padres, o provocar ira y rechazo de lo que éstos representan, así como inducirle a desafiar sus deseos.


Es triste ver que unos padres no se percaten de lo importantísimos que son para sus hijos.

La solución de la mayoría de los problemas entre padres e hijos, consiste en que los padres se empeñan en que el niño obedezca sus deseos, obediencia que a juicio de ellos, muy a menudo es la única solución aceptable, por lo que tienden a concentrar en ella sus esfuerzos.

Es posible que los padres de momento salgan con la suya, pero será derrotando al niño, lo cual no augura nada bueno para la confianza en sí mismo del niño.

Puede, que por otro lado, el niño acabe derrotando a los padres, no necesariamente en el asunto concreto que se dirima en ese momento, sino en otras batallas que posiblemente serán más importantes.

Como el niño no alcanza a ver más allá del momento, ni a asimilar la idea de que puede haber otras maneras de resolver un problema que no sea la que él tiene pensada, por fuerza corresponde a los padres encontrar una solución que razonablemente haga justicia tanto a sus puntos de vista como a los del niño.

Para lograrlo, los padres tienen, que comprender los motivos de sus hijos, así como darles crédito.

Para descubrir cuáles son, deberían partir de la suposición de que el niño, siendo su hijo, sólo puede verse motivado, igual que ellos, por lo que él considera como buenas causas.

Cuando los padres proceden de esta manera dan al hijo la impresión de que están con él en sus intentos de encontrar la solución del problema, que no están contra él y sus deseos.

Los padres pueden plantear sin peligro alguno la cuestión de si no podría mejorarse lo que hace el hijo para conseguir sus propósitos, de si uniendo los esfuerzos podrían idear una forma mejor de alcanzar las metas.


Proceder así no sería tan difícil si los padres pudieran ser racionales al tratar con su hijo, toda vez que el principio más básico en la búsqueda de justicia es conceder a la otra parte el beneficio de la duda.

Pero las emociones intensas que en los padres despierta el niño hacen que se sientan desgraciados si el pequeño actúa en contra de sus deseos.

Esto les duele tanto a los padres, que la reacción emotiva les impide creer que alguien que les hace daño podría tener buenos motivos para ello.

Para que las cosas resulten todavía más difíciles, estas mismas emociones los inducen a creer que ya conocen los motivos del hijo.

No sienten la necesidad de buscarlos cuidadosamente.

Aquí hay una extraña paradoja: la fuerza del amor que inspira el hijo es lo que hace a los padres ser menos que justos con él.

Sólo cuando acompañen las emociones y la empatía con la objetividad suficiente para ver las cosas desde la perspectiva del niño podrán descubrir los verdaderos motivos, o el niño lo revelará.

Para esto los padres deben salir de su marco de referencia y entrar en el de su hijo.
Todas las situaciones entre padres e hijos están cargadas de sentimientos.

Esto es inevitable, y así debe ser, ya que sólo los actos de los padres que estén imbuidos de sentimientos positivos por su hijo convencen a éste de la importancia que tiene para los padres, experiencia que él necesita desesperadamente para poder creer que también puede ser importante para otras personas.

Por doloroso que a un niño le resulte provocar emociones negativas a sus padres, éstas son mejores que nada.

Es probable que los padres fríos e indiferentes emocionalmente produzcan hijos que o bien estarán emotivamente "congelados" o serán propensos a arranques de ira violentos.