Richard von Krafft Ebing nació en Manheim.
en 1840; fué alumno de Friedrecich en Heidelberg, de Griesinger en Zurich; médico del Asilo de Illenau (Gran Ducado de Bade), en 1864, y luego profesor en las Universídades de Estrasburgo, Graz y Viena.
Fué el primero en describir de manera completa los trastornos de la vida sexual.
Los anteriores estudios de Moreau (de Tours) y Tarnowski, eran bastante incompletos, y el libro de Krafft Ebing tuvo de inmediato gran acogida.
Esta obra se encontraba agotada hacía tiempo ya, cuando el profesor Moll, de Berlín, inició en 1923 una nueva edición.
Albert Moll, eminente psiquíatra, era conocido ya por sus trabajos sobre "la manera de sentir sexual contraria".
Con frecuencia fué designado como experto en los juicios de moralidad, por los tribunales alemanes, lo que le dio gran experiencia en los estudios de trastornos sexuales.
Además, tuvo relaciones personales muy estrechas con Krafft Ebing.
Durante años mantuvo con él una correspondencia científica sobre los estudios en que ambos se interesaban.
Estaba suficientemente habilitado para expresar de nuevo el pensamiento del autor.
El libro de Kraft-Ebing fue singularmente aumentado; mientras la traducción francesa de la primera edición tenía 592 páginas, la, actual tiene 907.
El número de capítulos aumentó de 5 a 21.
Capítulos enteros, como los que se refieren al exhibicionismo, pedofilia y zoofilia, han sido completamente rehechos.
Se han agregado algunos completamente nuevos, que se refieren a las "tendencias amorosas extrañas y al "auto sexualismo".
Naturalmente, las observaciones de Krafft Ebing han sido conservadas, pero Moll agrega otras personales, en buen número
PEDOFILIA, ERóTICA
KRAFFT EBING describió un grupo de perversiones que designó con el nombre de pedofilia erótica.
Se trata de personas que tienen inclinación erótica por los niños.
Como elaboraba la última edición de la Psychopathia Sexualís mientras vivía, sólo había visto cuatro casos, relacionados con hombres.
El primero le pareció el más interesante, pues correspondía.
al cuadro del amor llamado platónico.
Su importancia sexual consistía en que ese amigo de los niños "que además era paranoico" sólo se excitaba con las niñas Permanecía indiferente ante la mujer adulta, y parece que también era fetichista de la cabellera.
En los otros casos citados, hubo actos delictuosos.
La segunda observación se refiere a un hombre con grave tara hereditaria que desde su pubertad (manifestada tardíamente, a los 24 años), tenía sentimientos sensuales por niñas de 5 a l0 años; sólo con verlas eyaculaba; cuando las tocaba se sentía atacado por un verdadero estado enfermizo.
Sólo guardaba un vago recuerdo de la duración de esta situación.
Sintiéndose insuficientemente satisfecho con el acto conyugal, llegaba a dominar el instinto que lo impulsaba hacia las niñas, hasta el momento en que se puso en conflicto con la ley, habiendo sido atacado por grave neurastenia (en parte como consecuencia de la práctica del coitus interruptus) por la disminución de su resistencia moral, o como consecuencia del aumento de excitación sexual.
El tercer caso se trata de un hombre atacado de neurastenia constitucional, fuertemente tarado, con cráneo anormal, sin verdadera inclinación por la mujer adulta.
En el coito se conducía como un animal en celo.
Se habla vuelto pedofílico a los 25 años, sentía el máximo placer efectuando actos impúdicos sobre niñas.
El cuarto caso de Krafft Ebing se refiere a un hombre tarado, al que las niñas impúberes siempre excitaron sexualmente; su inclinación por la mujer adulta es mínima.
Debido a su impotencia (e tabe?) y demencia paralítica inicial, no pudo resistir a su morboso Instinto.
En la pedofilla erótica, considerada como perversión sexual, Krafft-Ebíng admite los siguientes caracteres comunes: ,
1º Se trata de individuos con taras hereditarias.
2º La inclinación por las personas impúberes del otro sexo parece ser primaria (en oposición al libertino); las representaciones se ven acentuadas de manera anormal marcadas por fuertes sensaciones de placer.
3º Los actos criminales de los individuos (que salvo en uno de los casos mantienen su potencia sexual) consisten en simples palpaciones impúdicas y en masturbación de las víctimas.
Esto lleva a la satisfacción del interesado; aún cuando no llegue a la eyaculación.
4º Los pedofílicos no se excitan con los encantos sexuales de las personas adultas, con las que practican el coito solamente cuando no tienen un niño a su disposición, y ello sin satisfacción psíquica
La pedofilia erótica se encuentra también entre el sexo femenino.
En sus conferencias sobre psiquiatría (texto alemán de Moebius, 1892, fasc.
II y III, p.
41) Magnan publicó algunos casos sobre el tema.
El primer caso de Magnan se refiere a una señora de 29 años con taras hereditarias, fobias y obsesiones.
Desde hace ocho años sentía violentos deseos de tener relaciones sexuales con uno de sus cinco sobrinos.
Primero su deseo se orientó hacia el mayor, cuando tuvo 5 años y fué desplazándose hacia los siguientes a medida que crecían; la simple vista del niño bastaba para provocarle orgasmo y eyaculación.
La paciente pudo resistir a su instinto, que le resultaba imposible de explicar.
No tenía ninguna inclinación por los adultos.
El segundo caso se trata de una mujer de 32 años, madre de dos niños, tocada por grave tara hereditaria.
Estaba separada de su marido por su brutalidad.
Desde hace meses había descuidado a sus hijos: todos los días iba a ver a una familia amiga, a la hora en que el hijo volvía del colegio.
Lo mimaba, lo besaba, algunas veces pretendía estar enamorada de él: quería casarse con él.
Un día pretendió que estaba enfermo, que era desgraciado, y que quería practicar el coito con él para curarlo.
Como la echaron, asediaba la casa de su joven amante.
Un día que quiso emplear la violencia, la encerraron en un asilo de alienados, donde continuó exaltándose por el niño
Las experiencias de Anjel nos enseñan que la pedofilia erótica también puede manifestarse periódicamente.
En general.
creo que ese fenómeno, haciendo abstracción de los idiotas e individuos atacados de enfermedades mentales, sobre los que hablaré en un capítulo posterior, es más frecuente de lo que se supone.
Si investigador tan eminente como Krafft Ebing sólo pudo observar cuatro casos hasta 1903, todos heterosexuales, sin embargo creo que esto se debe a una concepción demasiado estrecha.
Hay que incluir en la pedofilia los casos en que los individuos aspiran a otros actos sexuales que los mencionados por Krafft Ebing, al igual que aquellos en que la inclinación pedofílica no es única.
En otras perversiones sexuales el instinto normal subsiste al lado del perverso: así ocurre en la pedofilia erótica.
Hay hombres que tienen inclinación por la mujer adulta y que se vuelven periódicamente pedofílicos.
También hay homosexuales en los que ocurre lo mismo, y por último hay mujeres que pueden amar apasionadamente a un hombre, y sin embargo, un día, sienten sensaciones eróticas hacia los niños Me parece dudoso que exista una pedofilla congénita.
F.
Leppmann, a quien debemos un muy valioso estudio de psicología criminal sobre este tema, publicó la más valiosa documentación al respecto.
Duda de que exista una perversión congénita que dirija, al instinto sobre los niños Más bien supone que esta perversión es adquirida muy tempranamente, como consecuencia de particularidades de ciertas impresiones, debidas al azar.
Esto estaría de acuerdo con las observaciones de Krafft Ebing, que relaciona la pedofilla con el fetichismo, porque los pedofílicos, en su desarrollo psicosexual, no llegan a apreciar exclusivamente a las personas adultas del otro sexo, sino que por el contrario se exaltan por las personas impúberes.
Verdad es que sólo se podría comprender ese lazo de asociación y predominio de representaciones fetichistas claramente patológicas, por la grave tara que sufren los pedofílicos.
En todos los casos de pedofilia erótica, Krafft Ebing pudo encontrar una constitución ""degenerativa"" de este tipo.
Pero por no encontrarse comúnmente esas taras tan graves, y porque la perversión tiene necesidad, para desarrollarse, de las influencias fetichistas, se explica por ello su poca frecuencia, según Krafft Ebing.
Krafft Ebing tenía razón al decir que son más frecuentes los casos que habiendo tenido originariamente instinto por adultos, se han convertido más tarde en pedofílicos.
Creo que se equivocó al considerar esos casos, como simple consecuencia de la impotencia, debida a la masturbación, con subsistencia de la líbido.
Más bien me convencí, como ya fué mencionado más arriba, que un ambiente poco favorable puede llegar a convertir en pedofílicos aun a personas moderadas desde el punto de vista sexual, y no debilitadas por excesos.
Creo que se debe considerar la inclinación pedofílica esencialmente como un fenómeno adquirido, aunque las taras hereditarias puedan existir como base.
Volveré sobre el tema en la sección consagrada a la parte teórica.
En ninguna otra perversión tenemos tan clara ocasión de observar la influencia del ambiente y de las excitaciones actuando sobre los adultos.
Por esta razón los institutores e institutrices con mucha frecuencia padecen esta perversión, que los expone a la persecución legal.
He visto institutrices que cumplían sus deberes profesionales de manera ejemplar, pero que estaban dominadas por inclinaciones pedofílicas, extremadamente poderosas.
A menudo la perversión no está limitada a un sexo.
La inclinación se dirige por igual hacia los impúberes de ambos sexos.
Esto se debe probablemente al hecho de que las niñas y niños se diferencian menos, desde el punto de vista sexual, que los adultos.
Además esta perversión se combina frecuentemente con el instinto sádico.
Véase el caso citado en la pág.
186, donde el acusado tenía inclinación en acariciar a los niños desnudos, e infligirles malos tratos.
El modo de satisfacción, es muy variado.
Al comienzo, hay casos en que la inclinación por los niños está ligada a una hiperestesia del instinto de detumescencia.
Tales individuos con frecuencia sólo practican toda suerte de contactos en los niños haciéndolos objeto, además, de malos tratos.
Esos contactos son generalmente en las piernas y algunas veces en el pecho, pudiendo extenderse a los órganos genitales y trayendo mayor excitación sexual en los individuos perversos.
Como consecuencia de ello sienten la necesidad de llegar a una satisfacción génito sexual cualquiera, para satisfacer su instinto de detumescencia.
Entonces el pedofílico toma al niño sobre sus rodillas, lo aprieta, y coloca las partes genitales del mismo contra las suyas, llegando así a la eyaculación.
Es sabido por lo comunicado en procesos criminales y confesiones hechas al médico, que tales sujetos suelen intentar el coito regular para satisfacerse.
Algunas veces han intentado otros actos; por ejemplo palparon el pecho de niñas, aun por encima del vestido.
En otro caso el acusado tenía siempre la costumbre de proceder a esos actos haciendo escribir a los niños en posición inclinada y poniéndose a caballo sobre ellos, de manera que éstos declararon que tenían la impresión que cabalgaba sobre ellos.
Naturalmente, muchos de esos enfermos no se dejan arrastrar a actos semejantes y se satisfacen por el onanismo.
La literatura no científica rara vez trata de la pedofilia, salvo la literatura puramente erótica y pornográfica.
En un pequeño folleto de Havenstein, llamado "Delicias Sombrías" (Dunkle Wonnen) están descritas las confesiones de un hombre que tenía inclinación por los niños impúberes y que tuvo trágico fin.
Se encuentra en este terreno, toda clase de transiciones.
Unos tienen inclinación por niños muy pequeños aun de 2, 3 ó 4 años; en otros esta inclinación se dirige a niños de l0 a 12 años; un tercer grupo prefiere a los más evolucionados.
La inclinación se dirige entonces sobre niños que han llegado a una semi madurez.
Esta gente es realmente peligrosa, sólo busca la inocencia y por esta razón siente en parte la necesidad, cuando se trata del sexo femenino, de proceder a la desfloración.
Además hay variantes, hasta alcanzar el instinto cualitativamente normal.
No cabe duda sobre la naturaleza peligrosa de los pedofílicos.
Sobre todo frecuentan los lugares públicos donde juegan los niños, las plazas donde las criaturas se hamacan en una cuerda sujeta entre dos pilares.
Los pedofílicos aprovechan de que los vestidos se levantan durante el balaripeo, para poder mirar, tan lejos como les sea posible, en dirección de las partes genitales.
En otros casos abordan directamente a los niños, los atraen con dulces u otros pequeños regalos, para satisfacer sus deseos.
.La experiencia me enseñó que muchos pedofilicos no se dan cuenta de la gravedad de las penas que reprimen la práctica de sus actos, y hasta dónde llega la interpretación de la ley.
Por ejemplo no saben que se exponen ya a penas graves simplemente tocando el cuerpo de niños desnudos, cuando ésto es ejecutado con fines de excitación sexual, y al igual que cuando se trata de actos de flagelación o castigo, practicados en niños por razones sádicas.
Un estudiante que se había hecho varias veces culpable de tales actos, quedó muy sorprendido cuando le hice notar que aun con circunstancias atenuantes, podría ser castigado con seis meses de cárcel por lo menos si su caso era denunciado ante los tribunales.
En la observación 304, que reproduzco según carta que me escribió el interesado, este último no sabía que se había expuesto a pena tan grave, y la idea de una condena a varios años de trabajos forzados fué una terrible revelación.
De tiempo en tiempo vemos procesos escandalosos que revelan la frecuencia de la pedofilia en las diferentes clases sociales.
Recordaré el proceso del banquero St...., en Berlín, que fué juzgado en 1900 y en el que se le reprochaba haberse dedicado a actos inmorales en niños menores de 14 años.
En muchas ciudades de Alemania y del extranjero, hemos visto en distintas épocas, procesos semejantes; con frecuencia están relacionados con una acusación de proxenetismo, pues no es raro ver a intermediarios que aprovechan pecuniariamente de las inclinaciones pedofílicas.
A menudo estos asuntos de proxenetismo están conectados con un chantaje.
No es raro ver a niñas llegadas a la semi madurez, con menos de 14 años, relativamente bien desarrolladas, que atraen a hombres que sienten inclinación hacia muchachas de esa edad.
Generalmente han sido educadas con esa finalidad, por una proxeneta cualquiera, y se producen luego tentativas de chantaje y amenazas de denuncia..
Con frecuencia se ha tratado en la literatura especializada en estos temas, de la prostitución de niñas impúberes.
Parece que es más común en París que en Berlín; hace tiempo existía en Budapest una casa pública llamada "la caballeriza de las potrancas", por la visible juventud de sus pupilas, las que aún no habían llegado a su completo desarrollo, aunque se cuidaban bien de seguir en el lupanar las prescripciones relativas a la edad legal.
Las inclinaciones pedofílicas nacen a menudo en la época del instinto sexual indiferenciado.
Verosímílmente el caso siguiente pertenece a tal grupo; me fué comunicado hace tiempo por el médico legista F.
M.
Cowan, de La Haya.