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El mundo oscuro y secreto del pedófilo sádico

NIEVES ARAVENA ESCOBAR, El Mercurio







Cómo actúan estos delincuentes según especialistas:


En estos sujetos la mente parece dividirse.

En el caso de Spiniak, su vida parecía normal, pero él organizaba reuniones con menores de edad, los inducía al consumo de cocaína y alcohol, para usarlos en rituales sadomasoquistas.


Son individuos que llevan una vida normal, los hay incluso apegados a valores morales muy estrictos, pero en paralelo ejercen su perversión en crueles prácticas sexuales con niños, infligiéndoles dolor y humillación.

No sienten culpas, ni se ponen límites: se creen superiores hasta por sobre la muerte.


Darse cuenta resultó aterrador: en la sociedad chilena hay pedófilos que ejercen sus impulsos sexuales con un alto grado de perversión.


Parecía cosa de otro país, pero no.

Los detalles de los rituales sadomasoquistas con niños, difundidos en los últimos días, dejaron en claro que Chile no está libre de engendrar estos hijos descarriados.
Y aunque en la historia criminal nunca antes se había detectado una organización semejante de pedófilos sadomasoquistas, siempre ha existido entre estos delincuentes un segmento con alto nivel de perversión, asegura Doris Cooper, criminóloga y socióloga, académica de la U.

de Chile.
Sólo que ahora se conocería más, porque propagan sus prácticas a través de videos y de los medios que les proporciona internet para crear redes y contactarse entre sí.
A ella no le sorprende que hoy la justicia esté indagando si habría niños muertos en estas prácticas.

En sus estudios se ha encontrado con sujetos capaces de asesinar a un menor de corta edad, con frialdad total, porque no satisfizo sus deseos.
No todos los pedófilos tienen rasgos sadomasoquistas, pero si se añade este componente, los grados de perversión pueden ser muy altos, aseguran especialistas.
Someten a los niños a rituales en que ellos deben actuar como agresores y luego disfrutan humillándolos e infligiéndoles dolor, con objetos y malos tratos.

Ahí está su placer y en eso pueden llegar a superar todos los límites, también el de la vida, explica León Cohen, psiquiatra y psicoanalista.
Pero, pese a lo aberrante que resultan sus actos, son personas que tienen discernimiento y juicio de la realidad.

No están locos.

Saben lo que hacen y, por eso, ante la ley son imputables (ver recuadro).


Seres superiores


Estas personas están inmersas en todos los ámbitos de la sociedad, en cualquier estrato socio-económico, y habitualmente llevan una vida normal, con familia e hijos, e incluso con frecuencia suelen ser apegados a valores morales estrictos.
Sin embargo, mantienen un mundo oscuro y secreto respecto de una parte de sus vidas donde reina la perversión y se permiten transgredir sus valores sin ponerse límites.
Es como si tuvieran un espacio dentro de la mente en que la intensidad de los sentimientos agresivos puede llegar a ser de una crueldad muy primitiva y que funciona dentro de las leyes del universo anal.

Las heces no son para ellos objeto de desecho, sino que un alimento cargado de agresión, por la necesidad de ser castigados, explica Cohen.
Debido a esto, estas personas tienen poca capacidad de pensar y elaborar las cosas o tener sentimientos amorosos respecto del prójimo, dice.
En ese sentido, explica que uno de los rasgos de quienes actúan estas perversiones es que viven su estado de excitación sexual en sus rituales sadomasoquistas, y luego toman distancia de ellos sin culpa alguna, como si se tratara de un sueño.
Jamás se ponen en el lugar del otro ni menos establecen algún tipo de empatía con sus víctimas.
Cuando surgen organizaciones para estos fines, se da una lealtad extrema entre sus miembros como si fuera una mafia, lo que agrava la situación pues se incuba un tipo de narcisismo maligno, en que sus integrantes se sienten como seres todopoderosos, describe el especialista.

Adoptan una actitud de superioridad ante los demás, como diciendo: soy superior a todos ustedes, pequeños seres que viven en una vida sexual apagada, consiguiendo unos pesitos en la pega, que no llegan a este mundo superior en que estoy yo.
El uso de drogas no influye en esta patología y sólo contribuye a lograr más activación y a alcanzar niveles inimaginables de crueldad y sadismo.

La muerte no es un límite.

Es una más de las fases para obtener la realización del placer máximo.

Viven una fantasía omnipotente, en que la persona antes de morir siente que no se va a morir, explica Cohen.
Se ha visto, dice, que menores que no son perversos ni sadomasoquistas - y acuden a estas prácticas a cambio de plata- , no han podido tolerar estas experiencias y debido a ello se han sentido obligados a denunciar lo que les ha pasado a sus amigos.


Reincidentes sin cura


Los pedófilos perversos difícilmente llegan a la consulta de un psiquiatra.

Ellos no sienten que sean enfermos, sino que validan su mundo perverso idealizándolo y negando que causen daño a otros.
Según la criminóloga Doris Cooper, en lo que coincide Cohen, se trata de sujetos que tienen cero o muy mínima (en casos leves) posibilidad de recuperación y tienden a reincidir en sus actos.
Entre las causas de la pedofilia se describen situaciones que influirían como factores genéticos, haber sido objeto de abuso sexual en su infancia, el abandono emocional de los padres, la carencia de afecto, aislamiento y autoestima dañada.
El trastorno se presenta en distintos grados y los hay desde los leves hasta quienes llegan a niveles de alta perversión, como los sádicos.
¿Qué puede hacer la sociedad con ellos?, es la pregunta del millón.
En estos días algunos dan respuestas como reponer la pena de muerte, otros hablan de la castración química (medicamentos inhibitorios) y otros de garantizar por ley que estén tras las rejas.
Doris Cooper rechaza la idea de la pena de muerte y de la castración química.

Cree que tratándose de individuos peligrosos para la sociedad, se debe legislar para dar a los psicópatas una reclusión perpetua de verdad y evitar que salgan a los 40 años, al menos mientras la ciencia no halle una cura, porque van a reincidir en su delito.
La criminóloga relata que en sus entrevistas con violadores de menores en la cárcel, ellos dicen tener visiones en su mente, como un video que los obliga a tener conductas pedófilas, y su imaginación erótica se centra con tal fuerza en los niños que no pueden sacarlos de su mente aunque traten.
La pedofilia, incluyendo expresiones con altos niveles de perversión, siempre ha existido.

El doctor Cohen afirma que forma parte del mundo secreto y oculto de la sociedad humana, pero el problema se complica cuando surgen mafias que operan en diferentes niveles para obtener protección a sus prácticas y quedar impunes, como ya se ha visto en otros países.
Remarca que probablemente la sociedad no va a lograr erradicarla por completo, pero sí debe tener presente evitar que este mundo perverso no llegue a contaminar sus instituciones o infiltrar las estructuras de poder.

Lo que pase es un reflejo de todos.

Todos somos responsables en eso.


El caso de Spiniak


Es portador de un desorden de personalidad, de un trastorno de identidad de género sexual y de una drogadicción sintomática, dicen los primeros informes psiquiátricos del Servicio Médico Legal sobre el empresario Claudio Spiniak (55).
Hoy está procesado por tenencia ilegal de armas, tráfico de estupefacientes, estupro (acceso carnal en relación de dependencia o engaño) y producción de material pornográfico.
En el allanamiento a su residencia, la policía encontró dos pistolas (una con silenciador), cocaína y artículos de sadomasoquismo.
Spiniak exhibía una vida normal, con una trayectoria deportiva en ski y rugby.

Su ex esposa, con quien tuvo 2 hijos, lo describe en La Segunda como puro corazón, cariñoso, buen amigo, que se la juega entero por la gente que quiere.

Y asegura que lo enfermó su adicción a las drogas.
El exitoso empresario, dueño del Spa más moderno de Sudamérica y ex dirigente gremial de la Cámara de Comercio, había creado un mundo aparte.

En la resolución judicial que lo somete a proceso dice que organizaba en sus domicilios reuniones con menores de edad, a los cuales inducía al consumo de alcohol y cocaína, sustancias que provocaban en los menores una anomalía en su estado de conciencia, que los dejaba sin voluntad para dimensionar los atropellos a su libertad sexual.

En estas fiestas, una veintena de hombres se mezclaba con el bajo mundo de los proxenetas, quienes les reclutaban niños que acudían allí por pagos de hasta 40 mil pesos.
En sus videos, además de sexo con menores, había toda clase de suciedades, incluyendo la ingesta de excrementos.

Todo se filmaba para producir material pornográfico.


Imputables, pero suelen obtener su libertad


Los pedófilos muy rara vez caen en la categoría de inimputables respecto de los delitos sexuales (abusos deshonestos, violación y estrupro) que cometen, porque no cumplen con el requisito de ser loco o demente que describe el Código Penal.
Según la ley al loco o demente no se le reconocen intervalos lúcidos, es decir psiquiátricamente el sujeto no tiene la posibilidad de representarse el hecho de estar cometiendo un homicidio, una violación o estar abusando de un menor, explica el abogado penalista, Julio Disi, profesor de Derecho de la Universidad Católica.
Siendo imputables, no es tan fácil castigarlos.

Primero, porque realizan sus delitos en forma oculta y porque la mayoría de las veces exhiben una irreprochable conducta anterior que le sirve a su defensa como un atenuante.

Incluso, dice, se ha visto en los tribunales que en los abusos deshonestos (tocaciones íntimas) hay facilidades para que obtengan rebajas de penas o se les dé libertad vigilada.
La razón, afirma Disi, es que las actuales penas para ese tipo de abusos son bajas, pero además los delitos no son tan fáciles de probar.

Más aún, si la defensa de un menor tiene menos recursos que la del agresor.
La penalista Verónica Orozco, que ha defendido a niños víctimas, sostiene que estos agresores sexuales (hombres en su mayoría) niegan todo.

Son convincentes en sus declaraciones y tratan de sembrar dudas sobre el menor y sobre lo que éste dice, afirma.

La verdad se prueba muchas veces por presunciones sobre la base de peritajes sicológicos.
La tradición judicial, en tanto, revela que muchos magistrados no dan a los pedófilos abusadores un trato muy duro, con lo cual les dan con facilidad su libertad provisional.

Tal vez por desconocimiento, dicen estos penalistas, hasta ahora muchos jueces no los han visto como un peligro para la sociedad, pese a que sí lo son por el carácter irrecuperable de su conducta y su propensión a reincidir.
Disi advierte que con la reforma procesal penal, hay riesgo de que los pedófilos de peores conductas podrían estar libres mientras son procesados, al acreditar su irreprochable conducta anterior y un domicilio conocido.

Así, pueden seguir haciendo de las suyas.