Cuando nos impactamos socialmente necesitamos echarle la culpa alguien, que alguien sea el responsable y de esa manera quedar "yo" liberado de la culpa.
Pareciera ser que esto es lo que ocurre con temas que como la pedofilia, que sin duda merece el más fuerte rechazo. ¿Quién no se ha sentido tocado?, ¿Quién no ha pensado que alguien con esas características merece todos los castigos? Quizás en estos puntos podemos estar de acuerdo, sin embargo las reacciones que se provocan alrededor de este tema también merecen análisis y es a lo que me abocaré aquí. ¿Qué pasa entonces cuando no queremos tener nada que ver con un tema? Desde la psicología sabemos que la mente lo expulsa de nosotros y aparece la culpa como parte de los otros y no mía. Sin embargo, esto también pasa con las instituciones, las instituciones reaccionan y sobre reaccionan férreamente para no ser relacionadas con este tipo de crímenes.
Lo sucedido las últimas semanas en relación al caso Spiniak, en relación a la diputada Guzmán y los partidos políticos se relaciona con esta tesis.
Nadie quiere ser relacionado, ni lejanamente con lo que se considera detestable.
Las instituciones funcionan en bloque y declaran "poner las manos al fuego" por sus congéneres.
Otros intentan individualizar los culpables y se transforma en una caza de brujas. Pareciera a ratos que lo importante es deshacerse de esta "bola caliente" y salir como el defensor o quien está más lejano al hecho detestable.
De lo patológico y lo terrible que es el abuso sexual de menores, nadie tiene dudas, y todos las expresan públicamente. Pero ¿Porque las instituciones defienden a sus congéneres, sobre todo antes de un proceso reflexivo?, ¿Quién tiene la culpa son los individuos o es la institución? Con lo sucedido no puedo evitar pensar que en los casos de violaciones a los derechos humanos, en Chile, se adhería a la tesis de que las instituciones persisten y que las responsabilidades son individuales.
¿Qué pasa ahora? Lo único que se me ocurre pensar es que ahora se está actuando antes de que se hayan encontrado culpables a las personas de tal o cual partido político. ¿La defensa de los partidos políticos hubiese sido igual, con más pruebas que vincularan a sus miembros con la pedofilia? Sigo pensando que mi tesis es correcta: nadie quiere el más mínimo vínculo con lo detestable.
Si no hay suficientes pruebas, la defensa se pone en las instituciones, de tal manera que no sólo se protegen los individuos sino que también se protegen en masa, se protegen los grupos.
De lo contrario, si hay pruebas suficientes, las culpas son individuales.
En tal caso se apunta, se aísla y condena al hechor.
En el caso de los derechos humanos en Chile, desde la negación inicial en los años 80, las instituciones se defendían y defendían la honorabilidad de sus integrantes.
Los discursos apuntaban así en la defensa.
En cambio, en tanto acusaciones, es decir quienes acusaban las violaciones, lo hacían masivamente desde la institucionalidad.
Para ellos las instituciones fueron responsables. Hoy, en un hecho social igualmente violento (no estoy comparando en cantidad de dolor), frente a las acusaciones, las instituciones exigen pruebas pero por sobre todo defienden férreamente a sus integrantes.
La institución necesita verse inmaculada hasta probarse lo contrario.
El tema es que con más o menos análisis y con más o con menos conocimientos de psicopatología y funcionamiento de la psiquis humana, la opinión pública sospecha cuando algo se presenta con "absoluta inocencia".
En las encuestas informales que he escuchado, ya sea por radio o por los aplausos en el congreso al recibir a la diputada denunciante, existe la noción de que hay que investigar, y las personas se plantean la posibilidad de que "puede ser". "Puede ser" no como una caza de brujas, sino que desde la percepción de que las instituciones albergan individuos que no son controlables por las instituciones. El mecanismo psicológico a la base es que para preservarnos "buenos" ante nuestros propios ojos, usamos la escisión de aquellos aspectos que nos parecen detestables y la proyección consecuente afuera de nosotros.
Esto significa que se pone lo malo afuera y yo sigo sintiéndome "bueno".
Por ejemplo," yo no soy capaz de agresiones grandes contra los otros, porque yo soy bueno". Desde la psicología sabemos que nadie es ni totalmente bueno, ni malo.
Pero al operar con nosotros mismos, negamos los aspectos detestables.
Lo que más cuesta es la instancia de reflexión, de pensar en cada uno de nosotros, antes de que lo que no quiero ver se me haga tan intolerable que sólo sea parte de los otros. Las instituciones funcionan como una reja externa que protege a los grupos, y que ajeno a la condición de individuos de sus congéneres, pone afuera lo malo.
¡Es muy extraño pensar que en un grupo nadie tenga nada malo! Cuando las instituciones defienden, lo hacen desde antes de las acusaciones.
Cuando son sorprendidas se trata de "hechos aislados"... Desde la psicología me interesa introducir el concepto de que es inherente a los seres humanos las bondades y las maldades contra sí mismos y los otros.
Pero, es tan atroz lo que como individuos podemos hacer que lo reprimimos, y lo expulsamos como esta bola caliente a la que aludía párrafos arriba.
Las culpas las tienen a quienes se les comprueban y sobre ellos recaen todas nuestras culpas.
Lo que quiero decir es que cuando la sociedad encuentra culpables, la sociedad se "libera" de tener que cargar con las responsabilidades personales de nuestros aspectos más perversos. No es tan raro pensar en hechos como que se condenen los robos a las casas, pero que no veamos la culpa en quedarnos con un vuelto.
El tema es que es igualmente una parte que le pertenece a otro.
Sin embargo, la vivencia es que el culpable es el que salió en la TV, al que atraparon, ese si que es culpable.
Lo que hace que cada uno de nosotros sea liberado de las pequeñas o no tan pequeñas trampas que hacemos.
Por medio de la condena pública, los grupos logran un blanco para proyectar sus culpas, sus atrocidades. Obviamente el caso Spiniak es muy grave, y reviste todo el tiempo que sea necesario para buscar a los involucrados, para proteger a los más vulnerables.
No es el punto en cuestión.
El tema es que se ha olvidado y nos olvidamos de muchos casos más, no olvidamos de reflexionar acerca de quien es ser humano, y cómo se conforma su personalidad.
Porque éste es el punto donde todos estamos involucrados.
Se evita la reflexión acerca de nuestra propia psicopatología porque resulta muy perturbador. Las instituciones parecen hacer lo mismo, olvidan su propia psicopatología y confunden al grupo con las personas.
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