La falta de espacios en los hogares y de sitios al aire libre en donde dejar a los niños disfrutar sin peligro ha potenciado la creación de espacios habilitados para el disfrute del tiempo libre y adaptados a las necesidades de los más pequeños: las ludotecas, un espacio o lugar para el juego, el encuentro, la creación, la experimentación y el descubrimiento.
«En ellas se ofrece un servicio distinto al de las escuelas y complementan la formación de los pequeños durante su tiempo libre.
Permiten -a través del juego y de talleres- que el niño aprenda divirtiéndose», señala Araceli Navarro, directora de «Eureka».
En estos espacios -explica- «el juego constituye una estrategia pedagógica que permite estimular los sentidos del niño, sus capacidades y aptitudes».
No obstante, muchos padres confunden estos lugares con los parques de ocio donde pueden dejar a los niños divertirse sin más.
En este sentido, Navarro insiste en «la importancia del desarrollo global del niño, siendo imprescindible dar respuesta a sus necesidades físicas, psíquicas y afectivas, que estos espacios ofrecen.
Para ello se requieren profesionales cualificados y no meros cuidadores».
Pero además -señala- «favorecen una mayor implicación de los padres en la educación de sus hijos, ya que pueden compartir algunos talleres y avanzar de la mano en el aprendizaje».
Porque si bien constituyen un servicio para los niños, resulta erróneo pensar que son un servicio exclusivo para éstos.
Otro de los objetivos consiste en posibilitar a las familias que con el aprendizaje a través del juego y con el juego pùedan mejorar sus niveles de comunicación y de integración con sus hijos.