Inicio

El drama del bullying y el mobbing

Esquizo.com

En Hondarribia un niño de 14 años, Jokin, se suicidó tirándose desde una muralla.

Estaba harto de sufrir agresiones y vejaciones de otros compañeros, lo que ahora se denomina bullying , con el silencio cobarde y cómplice de profesores y compañeros.

¿O quizás debo decir con el silencio cómplice de toda la sociedad?


  


"Libre, oh, libre.

Mis ojos seguirán aunque paren mis pies" dejó escrito.

¿Se suicidó o lo suicidaron? ¿Se suicidó o lo suicidamos entre todos?


 


Estos días una sociedad hipócrita que no hizo nada por evitarlo se ha escandalizado con este cruel suceso.

En estos últimos días todo el mundo debate sobre esta nueva forma de violencia.

¿Pero realmente estamos dispuestos a acabar con ella?


 


Reconozco que escribo este artículo aún estremecido, impresionado con la manifestación en la que participé como gesto de apoyo a la familia y de implicación en la lucha contra esta lacra, que este sábado se ha desarrollado en su pueblo.

Que lo escribo más desde las entrañas que desde el cerebro, pero a veces es necesario hacerlo así.


 


Jokin ha muerto por el fracaso de una sociedad que no sabe educar a sus niños y a sus jóvenes, a los que no somos capaces de transmitir unos valores, unas normas, que hasta hace unos años eran básicas.


 


En el díptico que se repartió en esa manifestación aparecían algunas frases de un foro que la página de la PAM (Plataforma de Afectados por el Mobbing) abrió en su memoria.

Dos de ellas eran mías y me permito transcribirlas:


 


"Entre todos estamos construyendo la generación más canalla de la historia de nuestro país (cada uno ponga aquí lo que quiera).

La responsabilidad es de profesores, poderes públicos y, especialmente, de padres y madres que no saben o no quieren educar a sus hijos con normas que hasta hace poco eran básicas.

Quizás la verdadera responsabilidad la tengamos los que desde esa generación del 68 tomaron (no me incluyo entre ellos) la decisión de educar a sus hijos con una libertad de la que no disfrutamos, sin ser conscientes de que la libertad tiene que ir acompañada por la idea del respeto, respeto a normas de las que nos dotamos, respeto a la libertad de los demás.

No supieron educar a sus hijos y éstos han ido a peor con sus nietos.


 


Que suenen las alarmas, que haya debates, crónicas, artículos: ha muerto un niño porque no soportó un acoso que nadie debió permitir.

¡Qué fracaso, qué tremendo fracaso!".


 


Lamentablemente el bullying no es el único fenómeno violento que se da en nuestra sociedad.

Además de en las aulas, también en los lugares de trabajo existen comportamientos que destruyen personas, es lo que se conoce como mobbing o acoso psicológico en el trabajo, y afecta a millones de personas en España, a miles en Navarra.

La existencia de actitudes hostiles de forma sistemática, duraderas, y con unas consecuencias variables (sufrimiento psíquico, accidentabilidad, absentismo laboral, etcétera) es lo que identifica al mobbing.

El resultado final de este trastorno es un proceso de destrucción psicológica, tras una serie de conductas que, de forma aislada, podrían parecer intrascendentes, pero de forma repetida y constante tienen efectos terribles.


 


Los trastornos mentales ocasionados por el mobbing se han convertido además en una de las primeras causas de consulta a los médicos de familia.

El 30% de los pacientes que acuden a las consultas tienen algún problema de este tipo.

Y el número podía ser mayor, puesto que muchos de ellos no se atreven a denunciar estas situaciones por el temor de perder su puesto de trabajo.

Quizás el dato más concluyente sobre el escaso eco social que han tenido las reiteradas denuncias por parte de los médicos de familia, es que cerca del 77% de los afectados sigue denunciando un apoyo escaso o nulo por parte de las organizaciones, sean éstas sindicales, políticas o sociales.


 


La pregunta que me surge es: ¿Hace falta que una persona se suicide también por un proceso de mobbing para que la sociedad reaccione, se escandalice? Está demostrado que el impacto del mobbing sobre la salud de las personas afectadas, según muchos expertos, puede inducir al suicidio.

Incluso se calcula que, aproximadamente, un ¡10%! de los suicidios consumados es atribuido a conductas relacionadas con el citado acoso laboral.

No tienen el eco social del lamentable caso de Jokin, pero todos los días se produce algún caso anónimo.

¿Cuántos trabajadores más tienen que sufrir o morir para que los poderes públicos reaccionen?


 


Las asociaciones que con grandes dificultades y ninguna ayuda de los gobiernos respectivos (central o navarro) intentamos ayudar a tantos afectados nos sentimos impotentes ante tanto sufrimiento.

A nadie le interesa plantear una lucha frontal contra esta violencia, sólo cuando algún caso como el del joven Jokin nos sacude existe una cierta reacción, pero cuando el paso del tiempo conduce al olvido, se siguen consintiendo actitudes, comportamientos, que en algunos países como nuestra vecina Francia se consideran ya como delitos.


 


El Parlamento de Navarra aprobó por unanimidad en marzo de 2003 una propuesta para exigir al Gobierno de Navarra que en el plazo de tres meses elaborara un Plan Navarro contra el acoso psicológico en el trabajo.

Han pasado 20 meses y aún está por redactar a pesar de que en dos ocasiones hemos acudido al Parlamento para reclamarlo.

¿Hace falta una muerte como la de Jokin para conseguirlo?


 


Nuestra Asociación funciona a pesar del Gobierno de Navarra, que nos ha concedido una subvención de ¡600! euros para este año 2004.


 


Un gran trabajo que realizamos por mandato del Instituto Navarro de Salud Laboral sobre la situación del acoso psicológico en el trabajo en Navarra duerme en algún cajón de algún funcionario, quizás asustado por lo que de él se derivaba.

¿Hace falta una muerte como la de Jokin para que se estudie?


 


Afortunadamente en los últimos días un rayo de esperanza se abre en nuestra desigual lucha.

En Albacete una juez ha aceptado iniciar un proceso por la vía penal en un caso de acoso a un compañero de la PAM Presidente de la Asociación de Castilla la Mancha, así como la personación como acusación popular de ACAL, de Madrid, y nuestra asociación ANACASIT de Navarra.

Abre así un nuevo camino que puede conducir al castigo de los culpables.


 


Es hora de reaccionar.

Si los sindicatos, los partidos políticos, los parlamentos o los gobiernos se muestran insensibles ante esta cruel realidad -posiblemente porque también lo practican en su interior-, los afectados tenemos que unir nuestras fuerzas, hacer que nuestra presión, nuestra denuncia, acabe siendo un clamor que obligue a los poderes públicos a tomar medidas contundentes.

Medidas que les lleven a reformar leyes, a elaborar planes contra estas formas de violencia.

Tenemos que hacerlo por todos los Jokines que en estos momentos sufren, y aún les podemos salvar.