Educación y familia: 
Las actividades fuera de clases deben ser una opción de los niños, y no sólo cumplir las expectativas de los padres.
Los talleres contribuyen al desarrollo integral de los niños, pero no hay que olvidar la importancia de saber entretenerse solo.
A pesar de sus 11 años, Paula tiene una agenda copada.
Los lunes, sagradamente, entrena como parte de la selección de atletismo de su colegio; martes y jueves asiste a clases de piano en el Conservatorio, y los miércoles se da cita en la cancha de tenis.
Normalmente no llega a su casa antes de las 6 y media de la tarde.
Para sus padres, organizar los turnos para que pueda estar en todas implica un gran esfuerzo.
Y, finalmente, cuando llega a su casa, debe estudiar y hacer las tareas.
Su papá cree que ésta es la forma correcta de complementar lo que aprende en el colegio, y prefiere eso a que pase toda la tarde pegada al televisor o en internet.
Él y su esposa trabajan todo el día y no tienen tiempo para acompañarla.
Para Marie Lizzy Zippelius, sicóloga infanto-juvenil de Clínica Alemana, la clave es que niños y apoderados coincidan en una agenda de pasatiempos que responda, al menos en parte, a las expectativas de ambos.
"Las clases o talleres tienen que ser entretenidos, un momento de relajo y distracción para los niños.
Además, pueden ayudar a reforzar áreas débiles, como la personalidad", sostiene la especialista, en alusión a las oportunidades que se abren al interactuar con terceros en un ambiente diferente y distendido.
Pero hay que evitar recargar las tardes, ya que "cumplir con las responsabilidades escolares y además con una serie de actividades puede convertirse en una tarea francamente agotadora", precisa Mary Lizzy Zippelius.
La edad para comenzar va a depender de cada niño y del contexto familiar.
A los 4 años ya se pueden probar alternativas elegidas por los padres.
"A los 10 años, los niños ya tienen claro lo que quieren, y el rol de los padres es orientarlos para que no asuman más compromisos de los que pueden efectivamente cumplir", explica la sicóloga.
El ocio sirve
Pero más allá de llenar todos los espacios, los niños deben ser capaces de lidiar con la soledad, el ocio e incluso el aburrimiento.
"Es fundamental y sano que los niños estén también en la casa, aprendan a buscar entretenciones y creen sus propios espacios", agrega, enfatizando que ello les permite desarrollar la imaginación y la creatividad.
Y si los padres no pueden estar presentes, porque trabajan todo el día, pueden generar redes de apoyo para supervisar que efectivamente estar en la casa no se transforme sólo en ver televisión.
"Los adultos tampoco somos capaces de disfrutar el ocio: o somos productivos, o sentimos culpa.
Hay que tratar de evitar que los niños sientan lo mismo", dice Marie Lizzy Zippelius.
Cualquiera sea el deporte o actividad que realicen los hijos, los expertos coinciden en que nada puede paliar la ausencia de los padres, pues el compartir en familia sigue siendo lo más importante para el desarrollo de niños y jóvenes.
"No se pueden paliar las ausencias de los padres llenando a los niños de actividades.
Tener hijos y criarlos requiere de tiempo y dedicación", concluye.