La familia San Martín Guevara practica "El juego de la honestidad".
"Nos gusta porque nos permite explicitar y aterrizar aquellos valores en los que creemos", dice Carlos, el papá.
Educar un valor como la probidad es complejo porque implica el ejemplo de quien enseña.
Y es trascendente porque va a determinar la transparencia de una sociedad.
Matías San Martín (8) saca una tarjeta y le lee una pregunta a su papá: "Estoy muy triste porque tengo que hacer una prueba de educación física que no me resulta, ¿me harías un justificativo para no tener que hacerla".
"No", le dice el papá.
"En realidad, yo tampoco te lo pediría porque sé que dirías eso", se ríe Matías.
Están practicando "El juego de la honestidad", una suerte de "Escrúpulos" para jugar en familia.
Es una cajita amarilla llena de preguntas con cosas que nos podrían pasar a todos en la vida cotidiana.
"Después de un día agotador, suena el teléfono...
Es una prima que habla mucho, ¿pides que digan que no estás?".
La cajita amarilla, conocida también como "El juego de la H", es una iniciativa de los padres del Colegio Saint George.
"A ellos les preocupaba que sus hijos no les dijeran la verdad en cosas como notas bajas o anotaciones.
Pero se dieron cuenta de que muchas veces ellos tampoco habían dicho la verdad al hacer un justificativo, y que los niños habían sido testigos de eso", explica Ximena Barrientos, jefa de psicoorientación del colegio.
Entonces, el asunto estaba claro: "Más que preguntarse cómo se estaba educando a sus hijos en el valor de la honestidad, tenían que preocuparse de cómo lo estaban haciendo ellos".
Y así fue como crearon "El juego de la H", que se repartió a todas las familias del colegio.
Un valor como la honestidad, que habla de coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, no puede ser enseñado sólo con palabras.
Los hechos son fundamentales.
Y quienes lo enseñan -padres o profesores- deben dar la pauta con sus propias acciones, afirman los especialistas en educación de valores.
Carolina Dell"Oro, filósofa y directora del centro educacional Paideia, afirma que en Chile estamos sufriendo problemas sociales severos producto de la falta de honestidad y fortaleza moral.
"En las empresas se les trata de inculcar a los empleados cosas que deberían haber adquirido en la infancia".
Según el Índice Mundial de Percepción de Corrupción, que Transparencia Internacional lanzó en octubre, Chile es el país menos corrupto de América Latina, ocupando el lugar 21 de un ranking de 159 naciones.
La próxima semana, el capítulo chileno de esta organización entregará los resultados de una nueva encuesta, esta vez nacional, en la que se incorpora la percepción de los chilenos sobre la probidad imperante en su propia vida y en los ámbitos público y privado (ver recuadro).
Carolina Dell"Oro considera que la formación de la honestidad no puede darse por separado de los demás valores.
"Las virtudes deben educarse en conjunto, en forma sistemática y con una metodología adecuada".
Y en esto ella ve una gran falencia en el sistema educacional chileno: "La voluntad (que conlleva las virtudes) no se está educando con la misma sistematicidad que la parte intelectual".
Agrega que cada virtud tiene su mejor momento para ser aprendida dentro del proceso de desarrollo infantil.
Por ejemplo, la honestidad como tal no es fácil de formar antes de los 4 años.
"A un niño de 4 no le puedes decir "me mentiste" porque perfectamente puede estar confundiendo realidad con fantasía".
Entonces, en una primera etapa, recomienda la educadora y filósofa, habría que desarrollar otras virtudes que son el apresto de la honestidad.
Por ejemplo, el orden, el respeto, la paciencia.
Y, sobre todo, la generosidad.
Terreno abonado
Un niño que está siendo formado en estas virtudes, va a tener un territorio abonado para internalizar la honestidad.
Sin embargo, eso no significa que antes de los 4 años no se le deba hablar de la honestidad.
Al contrario, hay que nombrarla en las distintas situaciones de la vida: al pagar algo que se consumió dentro del supermercado, o cuando se le pide al niño pequeño que devuelva el caramelo que tomó de un mostrador.
Para la educadora, las virtudes deben formarse en la casa y ser reforzadas en el colegio.
"Y hay que aplicar el principio de subsidiariedad: si la casa está débil, el colegio tiene que tomar más protagonismo".
Eso lo sabe muy bien el profesor Rodolfo Leal, quien dirige el ala chilena de una red mundial de educadores -Valores para Vivir- preocupados de formar en este ámbito a niños y jóvenes.
"A poco andar, nos dimos cuenta de que teníamos que meternos en el mismo proceso al que íbamos a invitar a los niños", dice Leal.
Así, cerca de 500 maestros han participado en estos talleres de valores, reflexionando, dialogando e intentando tomar acciones: "Nos damos cuenta de que a veces no somos tan honestos como decimos, y que es lo primero que tenemos que trabajar antes de llegar a los niños".
Percepción de los chilenos
El 93% de los chilenos afirma no haber pagado jamás una coima.
Y cuando se les pregunta si lo harían en un caso de suma importancia, el 78% dice que no lo haría.
Son algunos de los resultados de la encuesta que trae el capítulo chileno de Transparencia Internacional.
Según su presidente, Davor Harasic, el estudio nos permitirá saber, como sociedad, en qué poner el acento.
Por ejemplo, si queremos que haya menos licencias médicas falsas, debería abordarse más con educación que con sanciones: que la gente deje de hacerlo por convicción y no por temor.