Los expertos recomiendan revalorizar la palabra e imponer límites con seguridad, evitando el rol de padre-amigo.
Los episodios de violencia juvenil son siempre un llamado de atención para la sociedad, y más allá del debate sobre imputabilidad de los menores -una discusión que queda para legisladores, penalistas y expertos en seguridad- la pregunta es qué rol deben ocupar las familias y los educadores en el combate de un fenómeno que se cobra gran cantidad de muertes cada año.
"Evidentemente hay mucha más violencia que en otras épocas, esto tiene que ver, entre otras cosas con una sociedad donde la palabra está devaluada y está puesta no justamente en el lugar de transmisión sino de defensa y de ataque.
Cuando no hay palabras hay acción en relación a algo que quiere comunicar.
La violencia en los jóvenes es una forma de comunicar", advirtió el psicólogo Sebastián Vázquez Montoto, titular de la asociación Adolescentes por la Vida.
A un diagnóstico similar llegó Nora Leal Marchena, presidenta de la Asociación Argentina de Psiquiatría Infanto Juvenil: "vemos que los jóvenes se unen en bandas dominados sobre todo por el miedo a la exclusión, en el marco de un cierto aislamiento.
Estas bandas tienen muy poco lenguaje.
Llama mucho la atención ver la dificultad que tienen para expresar una idea, para decir una frase completa".
"El lenguaje es lo que arma el nexo social, no existe lo social sino en el lenguaje.
El chico que desde chico se lo incentiva con la narrativa, se le cuentan cuentos, se lo anima a hablar, se lo escucha, se lo incentiva con el lenguaje va generando un nexo simbólico que conforma al sujeto.
Si no existe capacidad de simbolizar, existe el impulso y la acción y por lo tanto la violencia", señala Leal Marchena en declaraciones a la agencia Noticias Argentinas.
La profesional advirtió que ese fenómeno está muy relacionado con una sociedad que está dominada por la cuestión de la imagen.
En cuanto al rol de los padres como dique de contención a la violencia entre los jóvenes, Leal Marchena advirtió que "tienen que poder estar seguros de lo que dicen, seguros de su vínculo con el chico".
"El chico no necesita un amigo ni un padre autoritario, necesita un papá una mamá que se sientan seguros de lo que dicen".
Un problema en ese sentido es el fenómeno que impulsa a la sociedad a prolongar la adolescencia, a parecerse a los hijos, a ponerse ropa parecida, a escuchar la misma música; prima a cuestión de la imagen y querer ser siempre jóvenes y bonitos, hay otras sociedades que valoran el crecimiento y a los mayores.
Al respecto, el psicólogo Vázquez Montoto advirtió que uno de los elementos que dificulta la fijación de límites a los jóvenes es que "hoy por hoy la imagen que tiene el adulto es muy poco adulta, muy poco contenedora".
La falta de límites "atraviesa también a las instituciones" enfatizó a su vez la psiquiatra Leal Marchena, quien recuerda la problemática que afecta a docente que no pueden controlar el uso de celulares en las aulas.
En tanto, al identificar los orígenes de la violencia juvenil, el psicólogo y docente hizo hincapié sobre un fenómeno social que describió como "la baja tolerancia frente a la diferencia".
La violencia entre los jóvenes, que suele aparecer a la luz pública a través de episodios semejantes a brotes irracionales, como se ve, tiene causas diversas y muchas de dellas deben ser buscadas en el mundo de los adultos, atravesado por una crisis que ya es difícil de ocultar.
(NA).