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Exceso De Tareas Obstaculiza El Interés Por Aprender

M. Soledad Villarroel, El Mercurio

El crear hábitos de estudio desde pequeños en los niños es vital a la hora de maximizar el uso del tiempo y dejar algunas horas libres para jugar. 


La sobrecarga de deberes que algunos colegios dan a sus alumnos, sumada a largas jornadas de clases, dejan al pequeño sin tiempo para distraerse.


Mi hijo no alcanza a terminar las tareas y en el colegio le ponen anotaciones negativas en responsabilidad.

Pensé que podía tener algún problema de aprendizaje, pero no es el caso.

De hecho, la especialista me dijo que el problema es exceso de tareas y cansancio, cuenta Carmen Gloria Rengifo (33), madre de Joaquín (7).


No son pocos los padres que manifiestan este malestar.

Algunos piensan que como los niños pasan tantas horas en el colegio, el trabajo para la casa debería ser más liviano.

Se angustian y preguntan si el problema es de sus hijos o del colegio.


El director de la División de Educación General del Ministerio de Educación, Pedro Montt, advierte que no se puede meter a todos los colegios en un mismo saco, porque el tema de las tareas depende de muchos factores, entre ellos, el capital cultural de la familia del pequeño.

Hay niños que viven en hogares letrados, que disponen de libros, textos y acceso a internet.

Sin embargo, ésa no es la realidad de la mayoría de los niños en Chile.

Para ésta, la labor de la escuela es fundamental y las tareas escolares son un instrumento educativo importante, afirma Montt.


El personero del Ministerio de Educación piensa que la sobrecarga se da más en las elites, donde los padres pueden elegir un colegio que tenga una opción académica que balancee los aspectos académico, afectivo y social.


La psicopedagoga Eva Selovsky explica que las tareas tienen dos objetivos principales: son una forma de ejercitar los contenidos vistos en clases para que el pequeño los internalice y sirven para que los padres sepan qué aprenden sus hijos y qué avances han tenido.


Sin embargo, la educadora afirma que ninguno de estos fines exige que los niños deban realizar kilos de deberes escolares, ya que cuando les mandan tareas más cortas y entretenidas se propicia en los niños la idea de que los deberes no son algo terrible.

El niño deja de hacer pataletas o de deprimirse por causa de estos trabajos, y hasta puede llegar a hacerlos por gusto; percibir el estudio como algo placentero es la mejor manera de aprender, asegura la especialista.


A esto hay que agregar que los niños, que tienen jornadas escolares tan largas, necesitan tiempo para distraerse.

Selovsky explica que ésta no es de 8:00 a 16:30, sino que empieza desde que los menores se levantan y se ponen el uniforme hasta que terminan las tareas.


En ese contexto, deberes escolares mejor dosificados y menos tediosos son los que estimulan al niño y le devuelven el placer por aprender.

Además, de esa manera los padres no se ven obligados a hacer las tareas junto a sus hijos.


En cuanto a ese aspecto, Eva Selovsky aclara ciertos puntos.

En primer lugar, dice, las tareas no son para los padres: Ellos perciben la angustia de los pequeños y sienten que tienen que ayudarlos, pero los papás no deben ser los profesores de los chicos, porque dejan de cumplir la función de quererlos y contenerlos.


Otra cuestión importante es la corrección de las tareas.

La psicopedagoga afirma que revisar y corregirlas con los niños es vital.

Si no se hace, no sirven de nada.


Para Eva Selowsky, la sobrecarga de tareas es un problema que se da mayormente en colegios de elite, no sólo sociocultural y económica, sino también en cuanto a exigencia académica: Tiene que ver con el exitismo que hay en nuestra sociedad.

El afán por que los niños rindan, sin tener en cuenta otros objetivos; la competencia por las notas y los puntajes para entrar a la universidad son cosas que comienzan a generarse en el ambiente escolar desde muy temprano.


 


A pedido de los padres


 


La especialista cuenta que, por increíble que parezca, en reuniones de apoderados hay padres que piden que los niños tengan más tareas.

A su juicio, la principal causa de esto es el temor que tienen de que sus hijos se queden atrás en relación a alumnos de otros colegios.

Esto también ocurre en hogares donde ambos padres trabajan, porque algunos progenitores prefieren que sus niños hagan cosas "útiles" en vez de ver televisión o jugar con el computador todo el día, explica Selowsky.


La especialista considera preocupante que los padres no tomen en cuenta la salud mental de los chicos.

Alaba el que algunos colegios hayan implementado las horas de estudio dentro del horario escolar, pero considera que aún queda mucho por hacer.


Los múltiples factores involucrados hacen que la responsabilidad deba ser compartida por las familias, la escuela y la sociedad en general.


 


Los hábitos de estudio son claves


 


Algunos niños, aún sin tener muchas tareas, pasan toda la tarde dedicados a ellas.

Esto ocurre, explica la psicopedagoga Rosemarie Valdés, porque éstos, con un desarrollo y nivel de madurez acorde a su edad y al nivel que cursa, colapsan ante los deberes porque carecen de hábitos de estudio.


Al volver del colegio, saben que tienen toda la tarde para hacer las tareas y no se organizan.

Picotean distintas materias, luego ven televisión, y después pasan a memorizar...

Y sin darse cuenta, la tarde pasó volando y no les quedó tiempo para jugar.


Con una rutina diaria que destina cierta cantidad de horas a las tareas y luego al ocio, el niño incorpora ese deber como una actividad específica en un tiempo determinado, lo que le deja libertad para cualquier otra actividad que él quiera hacer.

Con el tiempo, el pequeño dejará de ver los deberes como una imposición del colegio.


El espacio en que el niño estudia debe ser siempre el mismo y en él debe tener a mano todos los elementos que necesita: lápices, regla, diccionario, etc., para que no pierda tiempo buscándolos.

Esto evita que se distraiga y también ayuda al niño a memorizar, porque recordará ciertas cosas por asociación al lugar donde estudió.


Así el menor aprende a focalizar, esto es, a contar con un tiempo limitado para hacer las tareas, que debe aprovechar al máximo.