Para psikis.cl 
Ps.
Cecilia Taborga
Se comienza a aplicar la ley de divorcio.
Muchos dirán ¡qué horror!, otros dirán ¡al fin!
Cada cual opinará según su propia historia y circunstancias actuales.
Chile era el único país que no tenía ley al respecto.
Las consecuencias positivas y negativas se verán más adelante.
Lo que sí se puede saber hoy es que las consecuencias del método anterior, las nulidades matrimoniales, legalizaron la mentira y se prestó para múltiples situaciones anómalas.
El que una pareja esté junta es un acto voluntario y si esto no pudo ir más lejos, es más sano una separación que un conflicto permanente y/o el engaño y la mentira.
Se podrá conversar acerca del vínculo matrimonial como algo que puede tener fin, como todo en la vida.
Se dejará de idealizar esta unión entre dos personas y se reconocerá la realidad de los matrimonios: lo ideal se acaba luego, ya que el peso de la realidad y de lo cotidiano es innegable.
Esta ley no hace "feliz" a nadie, simplemente alivia el reconocimiento de esta realidad.
Estar en pareja, asumir este compromiso es difícil y complejo.
Quizás hasta el momento, la tradición contenía las dificultades matrimoniales haciendo que perduraran en el tiempo.
Muchas a veces a costo personal de uno de los cónyuges.
Se supone que cuando dos personas se casan son personas adultas y responsables, capaces de contener y sostener en el tiempo este proyecto con todas sus dificultades.
Pero, esto es una idealización, ya que cuando las personas deciden casarse sus motivos son múltiples.
Considero que esta ley permite que cada persona se haga responsable ante sí mismo y los demás de sus propios actos y decisiones, independientemente de la madurez emocional que tengan en el momento de contraer ese compromiso.
Tienen mayoría de edad y discernimiento, saben lo que están haciendo.
Si se hace borrón y cuenta nueva ¿qué responsabilidad asume cada uno?