Cada cierto tiempo se ponen de modas distintas maneras de enfrentar la crianza de los niños y una de las más populares hoy en día es el método del Dr.
Estivill divulgado a través de libro "Duérmete Niño".
El método en cuestión trata el tema de enseñar a dormir a los niños solos y de manera habitual en un mismo ambiente en el mismo horario, de tal manera de hacer un hábito que el niño logre por si mismo.
La forma de lograrlo es a través del control de variables ambientales como lugar, hora y forma en que los padres tratan al niño.
Además el método señala que la postura de los padres debe ser inflexible en dejarlo en la cuna, y cada cierto tiempo entrar y hablarles y volver a dejarlos solos.
El niño llorará y cada vez se supone hay que ir aumentando los tiempos en los que los padres se aparecen en la pieza.
A través de los días el niño se habituará a dormir solo en su cuna.
La metodología es más extensa y se entregan tiempos y conductas específicas frente a distintas reacciones de los niños.
Quisiera reflexionar acerca de esta metodología en particular y de muchas otras que circulan a modo de panacea a través de libros que se transforman en lectura incuestionada para muchas familias.
El tema central de la formación de hábitos y la necesidad de ayudar a la autonomía de la guagua no está en discusión en ninguna formación teórica de la psicología.
Los niños pasan de una etapa de simbiosis a una de necesidad absoluta de la madre para sobrevivir, no sólo en términos físicos sino que también en lo psíquico.
La guagua en una primera etapa no entiende los conceptos de tiempo ni de espacio, escasamente va elaborando la diferencia de sí mismo y de los demás.
El niño menor de tres meses sufre fuertes angustias, lo que se expresa a través del llanto.
Para esto la contención de la madre es fundamental, para poder calmarlo y que se vuelva a sentir contenido y entero.
El niño mayor de tres meses es lograr de elaborar algo más con su pequeño "yo", pero es gradual su capacidad de ir tolerando angustias.
En él ya aparece una primera diferenciación de la madre, sin embargo la necesita a su lado para poder depositar en ella todo lo que lo angustia y lo que invade y poder sentir el alivio que esto implica.
Por otro lado la función materna es desde incluso antes del nacimiento una función necesaria para el desarrollo emocional del niño y para la posterior estructuración de la personalidad.
Por función materna se entiende aquello emocional y conductual que lleve a la contención de aspectos físicos y emocionales de la guagua.
Por lo tanto la voz de la madre, la forma en que lo toma en brazos, la forma en que lo acurruca estará colaborando en este sentido.
Por otro lado, las angustias de los niños son muy fuertes de manera en que el niño no logra reconfortarse y recomponerse, sólo necesitan de una madre que los calma y logran entrar en calma nuevamente.
Ponerle horario a las angustias o formar horas estrictas de acogida o no, me parece que es un grave error, aún más grave mientras más pequeña la guagua.
Más grave me parece la atribución de actitudes y conductas voluntarias, entendidas como intentos de manipulación.
Estoy de acuerdo en que las redes neuronales se van desarrollando en base a causas y consecuencias, y de alguna manera el niño va "mapeando" la realidad de manera de desenvolverse en ella.
Pero algo distinto es pensar de que manipula como lo hace un adulto, con voluntad, con un yo detrás de aquella conducta.
Por ello la imposición de este método o cualquier otro como método me parece forzado frente a las necesidades de cada niño.
No se angustian por lo mismo ni frente a los mismos estímulos.
Para su desarrollo necesitan de una madre abierta a sus necesidades y a sus desarrollos.
En la medida en que se advierta que el niño logra salir más rápido de sus angustias, que estás se hacen más espaciadas en el tiempo la madre podrá ir confiando en que se ha ido desarrollando un yo más fuerte y cohesionado que permite soportar los límites puestos desde el medio ambiente (horarios, normas, etc.)